Ballena madre con su bebé: mi experiencia más bonita como Susurradora de Ballenas

 In Español @es, Las Ballenas

Por Marlene Rybka

Mi amor por las ballenas crece día a día gracias a los encuentros irrepetibles que tengo la suerte de vivir. Me gustaría contaros la experiencia más conmovedora de hoy.

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Iba de camino con el barco de Kim Beddal y Whale Samaná siendo ya una Susurradora de Ballenas algo experta. Hasta ahora he tenido la suerte de ver a los animales todos los días, y no precisamente desde dos kilómetros de distancia, sino muy cerca de nuestro barco.

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Cada avistamiento es completamente diferente. A veces sólo se ve el surtidor, después aparece su torso, vuelve a sumergirse, y ahí termina todo. Otros días, sin embargo, son, digamos, más exhibicionistas. Entonces parece que mueven sus aletas para saludar o nos permiten echar un vistazo a la cola, la llamada aleta caudal. Si es así, podemos identificar al animal con ayuda de un catálogo de aletas caudales. Y en días de muchísima suerte hasta se les puede ver saltar, pero hasta ahora la diosa Fortuna no me ha bendecido en ese aspecto.

¡Pero hoy iba a ser mi día! Acababa de correr como la pólvora el rumor de que se avistaban ballenas a las nueve. Es decir, en un reloj imaginario trazado sobre nuestro barco, debíamos mirar hacia nuestra izquierda. Observé el mar buscando la neblina típica que envuelve las ballenas. Y entonces aparecen dos ejemplares.

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Kim nos especifica que son una madre y su cría. El pequeño está a punto de mostrarnos su carita. “¡Mira qué bebé tan feliz tenemos hoy!”, se oye a través del micrófono del barco y, de hecho, ¡el pequeñín salta! Y no sólo una vez, sino una y otra y, además, junto a nuestro barco. Observamos su aparición estelar desde una distancia respetuosa pero encantados con el pequeño ballenato. No deja de impulsarse a través de las olas intentando saltar como los mayores. Todavía no tiene éxito, pero percibimos su alborozo. Luego nos invade la tristeza cuando se esconde y pensamos que no volverá a salir a la superficie.

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La inmersión final de las ballenas jorobadas se reconoce por su manera característica de doblar la espalda y porque, habitualmente, muestran su aleta caudal. Kim nos explica que los bebés ballena no pueden permanecer mucho tiempo bajo el agua. Ansiosos, no quitamos la vista del mar esperando ver a nuestro ballenato. De hecho, la madre y su pequeño vuelven a emergir junto a nosotros.

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Para nuestra sorpresa tenemos el placer de presenciar algo muy poco habitual: podemos ver a la madre aleccionando a su hijo. Los bebés aprenden del comportamiento de la madre; simplemente hacen lo que ella les enseña. Hoy toca ejercitar el zigzagueo en el agua con la aleta caudal.

Es una experiencia increíble estar justo ahí cuando la madre y el bebé nadan en paralelo a la vez que golpetean el mar con sus aletas de cola. Y no sólo una vez, sino una y otra. Una verdadera sesión de entrenamiento para el pequeñín.

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Kim nos afirma una vez más lo poco común que es tal avistamiento, y que poca gente en el mundo ha podido disfrutar de este tipo de espectáculo. Sigo con lágrimas en los ojos y con una taquicardia galopante apoyada en la barandilla, incrédula ante mi suerte por lo que acabo de presenciar. ¡Qué vivencia tan hermosa e increíble!

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Espero que entendáis que después de un avistamiento así, me haya enamorado todavía más de las ballenas. Para mí esta experiencia ha supuesto uno de los momentos más memorables de mi vida.

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