Dos días en Santo Domingo

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El lunes por la mañana partimos hacia Santo Domingo. Unas tres horas duró el viaje. Desde Samaná se viaja prácticamente de norte a sur del país, atravesando la isla. Al llegar, fuimos a comer a un restaurante típico dominicano, el “Cane”. De entrante comimos especialidades como baguettes con queso, jamón y distintas salsas de aceite.

Por la tarde fuimos a nuestro hotel, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, Patrimonio de la UNESCO. En los dos días siguientes pudimos conocer Santo Domingo. En la Ciudad Colonial lo mejor es moverse a pie. En sus callejuelas hay muchos rincones que descubrir y la ciudad tiene muchas historias que contar.

Tras la llegada de Cristóbal Colón en 1492, la ciudad surgió a partir de 1502 y se convirtió en la primera ciudad de América. Aquí se encuentran junto a la primera catedral de América, la „Basilica Menor de la Virgen de La Anunciación”, numerosos museos y edificaciones protegidas y cada una de sus calles cuenta una interesante historia.

En Santo Domingo la vida se concentra en sus calles y en las plazas públicas. En todas las esquinas hay artistas y músicos callejeros. Los dominicanos se reunen después del trabajo en los llamados “Colmados”, una especie de quioscos grandes, en los que se puede comprar todo lo que se necesita en el día a día. En los colmados se bebe ron, se fuman puros y se juega al ajedrez o al dominó.

El martes por la tarde volví en bus a Samaná. El viaje con “Caribe Tour”, los autobuses grandes amarillos, tardó lo mismo que en coche. Unos 6 Euros costó el billete. El autobús estaba climatizado e incluso nos pusieron una película en inglés ;)
Tras el viaje a Santo Domingo me quedaba una semana en Samaná. Quería disfrutar los últimos días en el barco y seguir observando a las ballenas, antes de volver a la fría Alemania.

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